
En un mundo donde la IA ya está en uso constante,redactando correos, revisando contratos, escribiendo código, atendiendo clientes, hay una consecuencia que llega directo al estado de resultados y que casi nadie está viendo venir: cada una de esas tareas cuesta dinero, y no se cobra como el software de siempre.
No es una licencia anual que se firma en enero y se olvida. Es un gasto que crece con cada uso, repartido entre APIs, suscripciones y herramientas que cada equipo contrata por su cuenta.
Empecemos por entender la unidad que está detrás de todo esto.
Qué es el gasto por tokens (en lenguaje de presupuesto, no de ingeniería)
Un token es la unidad en la que los proveedores de IA: OpenAI, Anthropic, Microsoft, Google, miden y cobran el uso de sus modelos. Cada consulta, cada documento procesado, cada agente que ejecuta una tarea consume tokens. Para el CFO, el detalle técnico importa menos que su consecuencia contable: es un gasto por consumo, no una licencia.
Ahí se rompe la lógica con la que finanzas ha presupuestado software durante veinte años:
- El SaaS tradicional es predecible: pagas por asiento, el costo anual se conoce en enero y las sorpresas son marginales.
- El gasto por tokens es variable: escala con el uso, y el uso escala con el éxito. Si un equipo encuentra un caso de uso que funciona, el consumo se dispara, que es exactamente lo que quieres que pase, pero no lo que tu presupuesto anual anticipó.
El resultado: presupuestos planeados como licencia y ejecutados como variable. Por eso un presupuesto anual puede durar un trimestre.
Por qué tu ERP no lo ve venir
El gasto en IA tiene tres características que lo vuelven invisible para los controles tradicionales:
1. Es el nuevo gasto hormiga corporativo. Cada equipo contrata sus propias herramientas con tarjeta corporativa, o peor, con tarjeta personal que después se reembolsa. No pasa por compras, no pasa por presupuesto, y finanzas se entera cuando llega el estado de cuenta.
2. Está fragmentado por diseño. No es un proveedor: son cinco, diez o quince. APIs de dos o tres modelos, licencias de asistentes, herramientas de nicho por área. Ninguna suma parcial parece alarmante; el total sí.
3. En México, llega sin comprobación fiscal resuelta. Buena parte de este gasto se paga a proveedores extranjeros, en dólares, sin CFDI. Un gasto que no se comprueba correctamente es un gasto que no se deduce, así que al descontrol presupuestal se le suma un costo fiscal directo.
Las tres preguntas que finanzas debería poder responder hoy
Antes de discutir herramientas, un diagnóstico rápido. Si tu área de finanzas puede responder estas tres preguntas al peso y en el momento, tienes el problema bajo control. Si la respuesta es “más o menos” o “a fin de mes”, no:
- ¿Quién está gastando en IA? Por persona, por equipo y por proveedor, no como categoría genérica de “software”.
- ¿Contra qué presupuesto? Cada cargo de IA debería descontar de un presupuesto asignado, visible en tiempo real, no descubrirse en la conciliación.
- ¿Quién lo aprobó? Toda nueva suscripción o API debería tener un aprobador antes del primer cargo, no una explicación después.
El control no ocurre en un dashboard de tokens. Ocurre en el punto de pago.
Aquí está el matiz que separa medir de controlar. Un dashboard de consumo de tokens te dice qué pasó: cuántos tokens usó cada equipo, en qué modelo, a qué hora. Es información útil, y llega tarde por definición, porque describe dinero ya gastado.
El token es la unidad técnica. El peso es la unidad que le importa al CFO. Y el peso se controla en un solo lugar: el momento del pago. Todo el gasto en IA, sin excepción, se paga con tarjeta corporativa o por cuentas por pagar. Quien controla ese punto, controla la categoría completa, sin importar cuántos proveedores nuevos aparezcan el próximo trimestre.
En la práctica, eso se ve así con Mendel:
- Una tarjeta virtual por proveedor de IA, con tope mensual. Si el consumo de una API se dispara, el límite lo contiene y finanzas decide si lo amplía, antes, no después.
- Aprobación previa para nuevas suscripciones. La herramienta nueva del equipo de marketing pasa por un aprobador antes del primer cargo.
- Presupuestos por área en tiempo real. Cada cargo descuenta del presupuesto correspondiente en el momento en que ocurre, con alertas de desviación antes de que el sobregiro sea noticia.
- CFDI recuperado y conciliado automáticamente, para que el gasto en IA que sí es deducible, se deduzca, y el que se paga al extranjero quede documentado correctamente ante el SAT.
Adoptar IA sí. A ciegas, no.
Gobernar el gasto es lo que permite invertir más rápido: cuando finanzas sabe exactamente quién gasta, contra qué presupuesto y con qué aprobación, decir que sí a la siguiente herramienta toma minutos, no comités.
El gasto en IA va a seguir creciendo. La única pregunta es si va a crecer con control o con sorpresas.
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